Ready, steady, GO! … ‘La Web Molona’
¡Bienvenid@ al blog de Aimark!
He estado buscando por Internet ‘cómo se empieza un blog’ y no encontrado nada revelador, de modo que en estos primeros días me tendrás que permitir que recurra a las formas off-line, al menos hasta que el magma blogger empiece a abrirse paso en el sistema circulatorio de Aimark y el mío propio.
Al menos por una vez ayer el insomnio me jugó una buena pasada. La cuestión es que no sé porque razón empecé a pensar en cómo hacen los gurús de internet para dar con innovaciones que permitan sacar más provecho a la red de redes. Supongo que será deformación profesional pero del mismo modo que ves el anuncio de Renault y te planteas qué clase de briefing-bomba le habrán lanzado al creativo de turno para que vea en un pianista volando, un redentor de campañas, también te preguntas ¿Cómo se le ocurrió a Tim Berners-Lee crear la primera página web? o ¿En qué estarían pensando Jimmy Wales y Larry Sanger cuando vieron claro que una enciclopedia gratuita y escrita por los usuarios podía poner en jaque a la misma Enciclopedia Británica?
Seguro que la ilusión y la tenacidad tienen su parte pero creo que lo fundamental es partir de un conocimiento de las necesidades y soluciones existentes, para acto seguido olvidarlo todo y pensar desde cero que es lo que te pediría el cuerpo hacer, si no existieran limitaciones técnicas.
Hagamos la prueba. Piensa en la interfície de un buscador actual, en la forma de navegar en una tienda on-line o lo que sea que estés acostumbrad@ a hacer con tu navegador. En todos los casos comprobarás que nos hemos acostumbrado a hacer lo que la tecnología nos deja. En otras palabras, nos hemos acercado más a la tecnología de lo que la tecnología se ha acercado a nosotros. (¿A qué tu abuela sigue prefiriendo las Páginas Amarillas a Google?) No nos damos cuenta pero cuando hacemos una consulta en un buscador ponemos en funcionamiento una serie de aplicaciones que no tienen lugar en el ordenador, ni en el servidor, sino en nuestra CPU central: la mente. Primero nos preguntamos qué estamos buscando, luego lo condensamos en una palabra, la introducimos en el buscador y finalmente nos ocupamos de separar el grano de entre toneladas de paja. Pero, ¿y si pudiéramos relacionarnos con el sistema (teclado-ratón- ordenador-red-servidor-internet) simplemente cómo lo haríamos con otra persona, o con nosotros mismos?
Imagina que estás buscando trabajo. Encenderías el ordenador y no tendrías ni que abrir el explorador, ni escribir ‘infojobs’. Simplemente dirías ‘me gustaría encontrar un curro en el que poder formarme en la cría del boquerón en cautividad y que me permitiera ir a danza africana tres tardes a la semana’. Un amigo o compañero de profesión a quién se lo comentaras tomando un café te diría ‘pues mira llama a Luisa que está en una piscifactoría que necesitan gente a jornada partida’ o ‘olvídalo, el sector está fatal, será mejor que hagas un curso CEAC de canguro, que es lo que más se le parece’.
Pues bien no sé si esto será ‘Web 3.0’ o ‘Semántica’ o ‘Web molona’, pero en el fondo a todos nos gustaría que la tecnología se relacionara con nosotros en nuestro idioma. En tiempos de desarrollo de la inteligencia artificial, de la robótica, de la bio, la nano, la neuro y la zincpiritione-tecnología, todo se complica tanto que lo más difícil es gestionar semejante mogollón para volver a la simplicidad. Groucho Marx, que lo veía venir, predijo: “Surgimos de la nada para alcanzar las más altas cimas de la miseria”. Es probable que perdiera su Blackberry 3G en un camarote.
Dejemos de soñar. Si nos paramos a pensar y volvemos al mundo terrícola vemos que en materia de desarrollo web parece no haber alternativa: orientación al usuario, modelos participativos, diseños atractivos, interfícies intuitivas, gestores de contenidos polivalentes y amigos de los buscadores. A estas alturas no vamos a reinventar la gaseosa, pero detenernos un momento e imaginar a dónde vamos, o mejor aún, a dónde queremos ir, nos hará ningún daño.
Los retos de la usabilidad actual todavía se miden en centímetros, los que separan nuestra cabeza de la pantalla. Los dispositivos cada vez se relacionan más entre ellos, tomando posiciones para la conexión final, la del bit con la carne. En este contexto incluso la ‘web molona’ quedaría desfasada.
¿En qué web venden el plug-in cerebral de Google’? ¿Cómo puedo instalarme en el córtex la Wikipedia 8.0?… ¿Serán estas las preguntas que se harán los nuevos usuarios de Internet? El dios Tag dirá!
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